miércoles, 2 de junio de 2010

Aguante el mediocampismo

Ya está escrito en el posteo anterior que Gustavo Arballo tuvo la buena idea de generar un debate antes del Mundial.
Dice que Maradona, instintivamente, prepara un equipo que, para salir campeón, generará el fin del mediocampismo. La hipótesis es riquísima y está magistralmente argumentada, pero este humilde servidor considera que también parte de algunas falacias para llegar a una conclusión equivocada.
Punto por punto, la discusión para que ustedes -estimados lectores, mediocampistas o no- se prendan a su modo...

Dice Arballo:
En el fútbol básico, el fútbol de pocos jugadores, el maravilloso fútbol de los niños y de las canchas chicas, no existen los mediocampistas. O atacás, o defendés: a los mediocampistas los vomita Dios.
Digo yo:
El “fútbol básico” no es, en todo caso, el fútbol. Puede ser maravilloso jugado por niños y en canchas chicas, pero el fútbol se juega en cancha grande, por hombres ya maduros, con reglas escritas y un árbitro que imparte justicia. Y también es maravilloso.
Aún en el “fútbol básico”, disiento con eso de que “los mediocampistas no existen”. En realidad, son todos mediocampistas, que en afán de tener la pelota el mayor tiempo posible tanto defienden como atacan. A tal punto que ese fútbol creó la inigualable figura del arquero-volante. El “volante” puede aludir a su situación de libre, suelto, errante. Pero no por nada volante es sinónimo de mediocampista.


Dice Arballo:
Ahora, miren a la Selección.
Defenderá con cuatro centrales cuya nominación de memoria (Otamendi, Samuel, Micho, Heinze) es declaración de principios: no me importa el juego por las bandas. Como en la NBA, la canción de estos cuatro es de-fense, de-fense, de-fense, y en los ratos libres, de-fense.
Digo yo:
La colocación de cuatro típicos centrales como defensores, es cierto, reduce la prioridad del juego por las bandas, pero no lo anula. Los defensores tienen, siempre –aún cuando hubiera típicos laterales– la principal misión de defender. Pero tampoco es casualidad, supongo y creo, la presencia de esos jugadores. Cuando termine el Mundial repasaremos con gusto los goles que, en pelota parada, hicieron Otamendi, Demichelis, Samuel o Heinze.
Es decir que tienen una función ofensiva claramente determinada, además de otra lógica: darle la pelota a un compañero la mayor cantidad de veces que puedan.

Dice Arballo:
Argentina ataca también con cuatro: en la formación final más probable, los dos volantes laterales (la gran figura del Mundial, Angel Di María; y los mal comprendidos Jonás o Maxi Rodríguez) serán dispositivos de ataque, para completar un poker de delanteros “reales” con el binomio Messi + Higuaín.
Los únicos animales de mediocampo que quedan son Mascherano y Verón. Mascherano para retrasar los avances del rival. Verón para muñequear los avances nuestros.
Conclusión: mas allá de cómo se paren en la cancha, funcionalmente la Selección de Maradona es un muy innovador 4 – 2 – 4.
Digo yo:
Es una interpretación muy forzada, aunque linda idea. Pero ni Jonás o Maxi, ni Di María son lo que se dice delanteros. Considerarlos de tal modo parece más bien acomodar un argumento para llegar a la tesis del fin del mediocampismo.

Dice Arballo:
El mediocampismo parte de la demencial premisa de que los partidos se deciden y se ganan o se pierden según lo que ocurra en la mitad de la cancha. Este mito ha prosperado a pesar de su falsedad evidente: todos sabemos que este es un juego que se cuenta por goles y que consecuentemente se resuelve en las dos áreas y en ninguna otra parte.
Digo yo:
La enorme mayoría de los partidos empieza a definirse claramente en el mediocampo, que es la zona donde un equipo maneja los ritmos y otro no, donde un equipo maneja la pelota y otro no, donde un equipo impone el juego que le conviene y otro no, donde a un equipo le amonestan y expulsan jugadores y a otro no, donde el ánimo de un equipo crece a medida que el del otro decrece.
Desde ya, los goles se hacen en el área, o cerca de ella, y de poco serviría ganar todos los partidos en el mediocampo si defeccionara mayúsculamente un arquero o si hubiera delanteros rengos. Por eso es que nadie pone 10 mediocampistas.
Pero aún con un mal arquero y malos delanteros, es probable que un digno mediocampo se las aguante para emparejar un partido. Ese mismo arquero y esos mismos delanteros, sin mediocampo digno, quedarían sometidos a una segura goleada.
Tal vez la teoría de Arballo provenga de que últimamente, de tan impuesta que está la certeza respecto de la importancia del mediocampo, la mayoría de los partidos resultan en esa zona una especie de empate técnico, donde es difícil sacarse ventaja. Esa situación realza la importancia de defensores y delanteros, pero lejos estamos de que se acabe la premisa de que los partidos se definen en el mediocampo (obviamente con las excepciones del caso). Y meteríamos la pata fieramente si abandonamos la lucha en la que sigue siendo la zona más vital.

Dice Arballo:
En términos estéticos, la flexibilización laboral en la división de funciones del fútbol nos ha legado un peor juego. Si todos queremos ser mediocampistas, quedan dieciséis jugadores apilados en pocos metros de terreno como muñequitos de metegol, chocándose entre ellos.
El canon estético de nuestra táctica es el equipo “corto”, esto es: un equipo que distribuye irracionalmente sus espacios y comprime la gente en el lugar menos decisivo para la suerte del partido.
Por eso es también que, no sólo en términos estéticos, sino de la misma eficacia, el ardid mediocampista languidece, víctima de su propio éxito.
Digo yo:
Ya está expresado que la media cancha no es el lugar menos decisivo, sino el más. La metáfora de los muñequitos de metegol no es la más acorde al argumento, sobre todo porque si algo pasa con los muñequitos de metegol es que no se chocan entre ellos. Y no chocan porque no corren…
Resulta que lo más probable es que la melancolía de Arballo por otra “estética” no esté causada tanto por la cantidad de mediocampistas, sino por otros condicionamientos que objetivamente achican los espacios: la cancha tiene las mismas dimensiones que en toda su historia, pero los jugadores corren mucho más tiempo y a mucha más velocidad. Al tratarse de una cuestión estética, alguien incluso podrá creer que esa es la nueva belleza del fútbol. Son gustos.
Respecto de la eficacia, no parece haber a mano demostraciones contundentes de que el mediocampismo haya entrado en decadencia, sino más bien todo lo contrario. Eso sí: salir de esa lógica podría representar una revolución, aunque no necesariamente triunfante.

Dice Arballo:
Con su anómalo 4-2-4 Argentina ha comprendido que su juego debe ser otra cosa, no el juego que todos juegan. Un equipo largo con especialistas en defender y especialistas en atacar.
Digo yo:
Un argumento genialmente expresado, aunque montado en la falacia de que Argentina tiene “especialistas en defender y especialistas en atacar”, cuando en realidad la enorme mayoría de sus jugadores –desde Samuel hasta Tévez, pasando por todos los representantes del mediocampismo– es capaz de cumplir ambas funciones.
¿Hemos pensado, por ejemplo, que la inclusión de Palermo en la lista no sólo permite la presencia de un goleador milagrero, sino también (llegado el caso de una circunstancia extrema, como las que sufrió Argentina ’86 ante Inglaterra y Alemania) un excelente defensor frente al ataque con centros?

Dice Arballo:
Ironía: la Argentina de Maradona 1986 fue el primer gran equipo desembozadamente mediocampista (no veremos destacarse a ninguno de sus defensores ni delanteros: Valdano y Burruchaga fueron material fungible, pudieron haber sido cualquier otro par de delanteros de los veinte equipos de primera de ese entonces).
La Argentina de Maradona 2010 tiene la posibilidad y la responsabilidad de enterrar el nefasto mediocampismo.
Digo yo:
Comparto plenamente la sentencia respecto de que ese equipo del ’86 fue algo así como un canto al mediocampismo, con exponentes como Giusti, el Negro Enrique, Burruchaga, el Checho Batista, Olarticoechea.
Lo que no comparto es el calificativo de nefasto para un sistema que –en ese caso puntualmente pero también en otros– brilló tanto desde la estética como desde la eficacia, que son las dos dimensiones que preocupan a Arballo.
La Argentina de Maradona 2010 tiene en todo caso la posibilidad y la responsabilidad de salir campeón del mundo, no de "enterrar el nefasto mediocampismo".

Dice Arballo:
Maradona no tiene una teoría sobre el fin del mediocampismo, como la podría tener un Van Gaal. Ha llegado ahí por aproximaciones sucesivas, y más que nada condicionado por felices carencias en los puestos fetiches de los esquemas mediocampistas (lo dicho: “carrileros”, “enganches”).
Lo que Maradona tiene es una intuición muy firme que se puede advertir uniendo los aparentemente caprichosos puntos de sus convocatorias. Y de sus no convocatorias: Riquelme aparte, las otras dos controvertidas exclusiones, Zanetti y Cambiasso, resultan entonces, así leídas, perfectamente lógicas. No tienen ticket para Sudáfrica porque son piezas diseñadas para funcionar en un mediocampo de muchos hombres y que funcionan muy subóptimamente cuando se las saca de ese hábitat.
Digo yo:
Apuesto también a las intuiciones maradonianas, pero los ejemplos individuales no suenan tan rotundos. No se entiende qué tan distintos pueden ser –en cuanto a piezas del mediocampismo, o de otra cosa– Bolatti que Cambiasso, o Clemente Rodríguez que Zanetti. El de Riquelme sí que es un caso especialísimo y el “enganche” es, en verdad –y como dice Arballo– un efecto colateral del “mediocampismo”. Quedan pocos jugadores como Riquelme no ya argentinos, sino en el mundo.

Dice Arballo:
En el planteo de la selección hay un resabio del paradigma del mediocampismo, un vestigio de la escala evolutiva: Juan Verón.
Esto es una concesión a la tradición, y puede funcionar de dos formas. Bien, como el necesario eslabón perdido para evitar saltos al vacío, como un salvavidas para los momentos en que momentáneamente sea necesario atrincherarse en un esquema mediocampista.
O mal, si Verón cobra protagonismo y liderazgo y pretende a contrapelo que el equipo funcione con una lógica mediocampista cuando está armado para otra cosa.
Digo yo:
Verón, claro, es un referente esencial del mediocampismo. Y su enorme influencia e importancia en el esquema maradoniano (no sólo en el discurso de la prensa, sino en el papel que le otorgan el propio DT y sus compañeros) ponen en evidencia que Diego lejos está de pretender armar un equipo contramediocampista.
Mascherano –el otro animal-volante que detecta Arballo en el equipo– es el capitán y Verón es la figura central del esquema, dentro y fuera de la cancha: el que manejará los tiempos del equipo y el que charlará con Messi en la habitación (por algo el Diego los puso en la misma, ¿no?).
¿Por qué esos dos jugadores son los grandes referentes de este equipo? Justamente porque Maradona tiene bastante claro que los partidos se definen en el medio y entonces lejos está de propiciar el fin del mediocampismo.

Finalmente (y en clave de broma, desde ya): si -como dice Arballo- Santa Rosa es escala 1:100 la muestra del éxito del 4-2-4, el equipo de Periodistas (reciente bicampeón del torneo de profesionales) vendría a ser, escala 1:1000, la demostración de que aún es exitosa la receta del mediocampismo, porque fue un equipo que apostó a copar la mediacancha -tratando de cuidar la pelota y con espíritu ofensivo, eso sí- que sigue siendo el lugar en el que el trámite de los partidos se inclinan para uno u otro lado.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Gavazza, usted es de Boca. Que sabe de fútbol.

Es como yo de política. Yo siempre fui peronista, nunca me metí en política!.

Un abrazo y muy buena la discusión!.

Ricardo dijo...

La info ahora sería que sale Otamendi, pasa Jonás de 4 y juega Maxi de 8.
Eso ya le agrega gol al equipo, pero lo resiente defensivamente.

A mi me gusta una defensa de cuatro centrales, aunque me gustaría mucho más una con dos laterales que supieran defender. En el fúbtol argentino, lamentablemente, no existen.
Y yo me la jugaría con 4 centrales porque estoy podrido de los goles por pelotas cruzadas desde la banda. ¡Cómo sufrimos cuando entro el negro alemán en el 2006! Lo bailó a Sorín.

Lindo debate.
¡Saludos!

gA dijo...

Ir a la playa Bristol de Mar del Plata está bueno, pero si la misma idea se le ocurre a otras diez mil personas deja de estar bueno. Ese es el concepto detrás del del antimediocampismo, salir del embotellamiento porque seguir sumando gente ahí no sirve a ningún efecto.

Cuando yo hablo de especialistas en defender y especialistas en atacar no ignoro que en ciertas circunstancias los defensores suben y delanteros bajan (en Santa Rosa el número nueve Coqui Susvielles es el número uno en pelotas salvadas en la línea, defendiendo en córneres), pero yo pienso en un guión general del juego.

Juan Pablo Gavazza dijo...

Gustavo: lo que digo es que, contra tu tesis de que la especialización nos conducirá al éxito, yo creo que ocurre exactamente lo contrario.
Se me hace que hoy, pero además como siempre, el que tiene ventaja es aquel equipo que reúne a jugadores que sean capaces de hacer muchas cosas diferentes.
Desde ya que después aparecen los talentos naturales y en un segundo derriban cualquier cosa.
Pero a contramano de tu idea, yo creo que en todo caso será más exitoso el que logre "mediocampizar" mejor a sus defensores y delanteros: defensores que seapan atacar y que hagan goles, delanteros que sean útiles en función defensiva (no se defiende sólo cerca del arco propio, sino que se defiende en toda la cancha y en todo momento, ya sea tapando a un rival, teniendo la pelota, o eligiendo la mejor posición).
Es decir: volver a las fuentes.
En el auténtico potrero el mejor de todos es aquel que se destaca haciendo los goles, gambeteando, pero también robando pelotas, defendiendo, cabeceando en las dos áreas y pegando un grito a tiempo. No hay en los potreros una gran especialización.
Ejemplo: Carlitos Tévez, digamos. Que a mi criterio es el mejor jugador argentino justamente porque es el más "mediocampizado": tiene calidad y sacrificio, es capaz de hacer goles y de salvarlos, es capaz de cuidar la pelota y recuperarla (también es capaz de hacer echar a un rival y de hacerse echar); se adapta a cualquier lugar de la cancha y circunstancia del juego en general o de una jugada en particular.
Tal vez el gran secreto de nuestra Argentina 2010 sea que el Diego logre "mediocampizar" del mismo modo a los otros talentos ofensivos que tiene a disposición.

soliman el magnifico dijo...

es una huevada esto del fin del mediocampo o de los volantes, arballo tendria que jugar de defensor y ver que se siente no tener medio campo y tratar de marcar a todos los que se viene sin tener contencion en el medio.
mas que el fin del medio campo aca lo que hay que hablar la pulifuncionalidad de los jugadores, que de ser volantes pueden jugar dedelanteros o de delanteros de jugar de volantes o de carrileros o de marcadores jugar de volantes o de carrileros jugar de marcadores de puntas y de defensores jugar de volantes o de marcadores.
en un mundial se llevan solo 23 jugadores por eso es importantes que puedan ser pulifuncionales.
si no miren las convocatoria de bilardo, passarela, basile, pekerman y bielsa en los mundiales y van haber que el diego no esta errado.

Jás dijo...

Brasil salió campeón jugando con un arquero, nueve Diez y Pelé. La Naranja Mecánica era algo parecido.

Juan Pablo Gavazza dijo...

Jás:
¿Y esos ejemplos, además un poco confusos o exagerados, abonarían la teoría del "mediocampismo", o la contraria?
No es verdad que Brasil haya jugado con 10 números 10. Eran apenas 5. ¿Pero ese dato significa que jugó con pocos mediocampistas o con muchos?
La Naranja Mecánica -que sumó dos subcampeonatos mundiales consecutivos- se destacaba justamente porque tenía muchos jugadores capaces de hacer muchas cosas diferentes. No había especialistas, sino generalistas. Lo que un poco después el mundo del fútbol se empeñó en llamar "polifuncionales"...

Jás dijo...

Lo de Brasil es exagerado a propósito, es una concepción popular de cómo se puede salir campeón rompiendo el molde. Como casi lo hacen los holandeses. Los ejemplos abonan la teoría de que el fútbol no es ni una ciencia exacta ni un concepto rígido. Y la polifuncionalidad de un jugador, como bien decís, lo va a acercar, indefectiblemente, a ser más mediocampista que lo que era antes de ser polifuncional. Para ataca o defender (como función extra del jugador) tenés que pasar por el medio campo. ¿Entendés?

Jás dijo...

Y ahora que lo pienso, que me preguntes si estoy a favor o en contra del mediocampismo, viendo mi alias, está de más. Saludos!

Juan Pablo Gavazza dijo...

Jas:
Perfecto. Y no me había percatado del alias. ¡Muy bueno!

Martin Rodríguez dijo...

Mi aporte suma al e Jaun Pablo pero con una idea que es básica en el hermosos fútbol: es un juego equipo...y como tal consta de las diferentes líneas de juego. Si se repasa la historia, la Máquina de River tenia 5 delanteros, entonces ¿el "mediocampismo" (término horibble) no existía?. NEGTIVO: el medio campo era un bloque cercano a los volantes que sostenían y abastecían a los delanteros. Si aplicamos, muy a mi pesar, la matemática: cualquier equipo que ataque con 5 y el rival se defienda con dos o tres mas el arquero tiene amplisimas chances de ganar...y el espectador tambien tiene chances de ver encuentros que terminene 14 a 12. Pero no, la cuestión numérica de presencia en tal o cual línea no significa la predominancia de un estilo de juego. Y ese es el punto: el juego. Al futbol se juega...con las presiones, los colores del pais, las estrategias del DT, la historia y lo que se les ocurra..pero se juega. La repetición sistmética de una combinación de artilugios para evadir al rival (es decir, "hacer siempre la misma") no es garantía de exito aunque eso identifique el estilo de juego de un equipo o país. Las selecciones son los equipos menos trabajados del mundo. y digo trbajados porque trabajan todos: los defensores, marcan, pasan la pelota (a un compañero si es posible...o la pasan para afuera)y, aunque son pocos, juegan; los volantes marcan, pasan, ordenan y juegan, los delanteros marcan, pasan, ordenan, juegan y hcen goles. Entonces, si todos haen lo mismo, se preparan de la misma forma (o similar)y juegan juntos, la distribución de roles y su aplicacion en el juego marcan no sólo la predominancia del mediocampismo sino la reinvindicación del sector como usina de futbol, porque jugar no solo es ir a hacia el arco del rival sino tambien esperar que no lleguen al nuestro, para poder volver hacia el de ellos....como defensor firme y aplicado (rozando lo rústico) imploro a los mediocampistas que salgan en defensa de su lugar: asi seremos menos los centrales amonestados y expulsados por su desorden mediocampistico y los solitrios delanteros recibirán mas habitualmente sus precisos pases para ser transformados en gol...¿o a quien señala el delantero cundo recibe un pase en el que sólo tiene que elegir en que lugar del arco la pelota se encontrará con la red? AL MEDIOCAMPISTA¡¡¡¡¡¡
8´s, 5´s, 11´s y 10´s de cualquier equipo...salgan en defensa de su parte de la cancha...o perderemos por goleada.