jueves, 10 de junio de 2010

Maradó Maradó

En el ’81 yo también hice revolcar al Fillol de River. El Diego me ayudó a reafirmar la identidad bostera cuando calzó sobre esa cabeza enrulada la 10 azul y oro. Gambeteó, hizo goles, reventó La Bombonera, cargó de delicias los relatos de Víctor Hugo, iluminó mis ojos aniñados, me enamoró del fútbol para siempre. Y cantamos: lo quería Barcelona / lo quería Riverplei / Maradona es de Boca / porque gallina no es.



En el ’82 yo también pegué esa patada contra los brasileros. Con la tristeza de Malvinas como una mochila sobre la espalda, ese Mundial se escapó rapidito y sin explicaciones, como el agua entre los dedos. El Diego empezaba a europeizarse y el aburguesado equipo menottiano se bajó rapidito. Ni cantamos.


En el ’86 yo también alcé esa Copa en el Azteca. Fue un canto a la felicidad, aquel año en que se decidió el nombre de cientos de argentinos, que pasaron a llamarse Diego por obra de la mano de Dios, la cintura de Dios, la zurda de Dios. El Diego, ese año, nos puso la piel de gallina, hizo lo que nadie más había hecho ni hará sobre una cancha, dibujó arte en las alturas mejicanas, cosió con la pelota entre defensores de todos los colores y se convirtió en duende eterno, subido con su Copa –nuestra Copa– al balcón que sólo era de los presidentes. Y cantamos: se lo dedicamo a todos / la reputa madre que los reparió.


En el ’90 a mí también se me inflamó el tobillo y les dije hijos de puta a los que silbaban el Himno. Un Diego desmejorado, al límite de sus posibilidades físicas, sacó conejos de su galera para llevarnos hasta la final, en la enemiga Italia del Norte; metió gambeta y pase mágico para eliminar a los brasileros; lloró como loco con el robo del final. Y cantamos: no pasa nada / no pasa nada / al Diego lo queremos / en las buenas y en las malas.


En el ’94 a mí también me cortaron las piernas. Ese Mundial iba a ser el final feliz del héroe malherido que resurge de sus cenizas y concluye su epopeya con una sonrisa. Pero no. Después del gol de flipper contra Grecia y tras las apiladas heroicas de los minutos finales contra Nigeria cayó el humano antidoping positivo. Yo también lloré, como Diego. Lloré a mares, solo, en la madrugada más fría de la historia, escuchando el pesar colectivo en la voz del Negro Dolina, escondido en un rincón de barrio, lejos de todo, queriendo estar en ningún lado. Nos cortaron las piernas, nos extirparon un sueño del corazón. Y ni cantamos.


En el ’98, en el 2002 y en el 2006 yo también estuve afuera. Después de tanta pasión y compromiso con una idea y con un tipo, esos mundiales tuvieron un soso sabor, más allá de los resultados. No estaba el Diego y la sensación de destino atado a los frutos de esa selección fue mucho más chica. Diego era el cordón umbilical de mi afecto por la celeste y blanca. Desde que tengo uso de razón la Selección había sido, para mí, el Diego. Eso no impidió, futbolero al fin, que siguiera los destinos argentinos en Fracia, Corea-Japón y Alemania como si fuera importante. Pero nunca fue lo mismo… Ni cantamos.


Llega este 2010 y yo también siento el cosquilleo. No es lo mismo adentro que afuera de la cancha, pero de nuevo hay algo que nos ata. Cuando se te muere un animalito que quisiste mucho te prometés que no vas a tener otro, porque el dolor es demasiado. Pero no podés, porque –diría Tanguito– el amor es más fuerteEso me vuelve a pasar. Soy de los que cuando se fue Basile sostenía que era el tiempo de Carlos Bianchi, racional, oportuno, inteligente… Pero le tocó al Diego. Grité como loco el gol de Palermo contra Perú, porque no podíamos faltar. Y ahora que llega la hora el corazón está un poco más apurado. Otra vez el afecto y los amores. Otra vez quiero que Argentina salga campeón. Pero más que Argentina, el Diego. Nosotros. Otra vez vamos a compartir esos momentos que sólo traen los mundiales, y qué lindo es volver a soñar, y sentir que en esto nos jugamos un pedazo de nosotros, y que en una de esas –¿quién te dice?– julio nos encuentra abrazados festejando a los gritos que ganó el fútbol para todos. Y por eso cantamos: que vamo a salir campeone otra vez / como en el ’86… Y seguimos cantando: que de la mano / de Maradona / todos la vuelta / vamos a dar…

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