sábado, 17 de abril de 2010

Gran idea pedagógica

El viernes 26 de noviembre de 1954 el boxeador argentino Pascual Pérez peleó por la corona mundial en la categoría mosca, cetro que estaba en poder del japonés Yoshio Shirai. El combate tuvo lugar en Tokio, a la noche de ellos y consiguientemente a la mañana nuestra.
En dicho año, en mi Liniers natal, yo cursaba quinto grado de la escuela primaria. Mi maestro era César García. En la mañana del referido 26 de noviembre trajo de su casa un aparato de radio, apareció en el aula el portero portando un “Victoria” (dispositivo que se enroscaba en el portalámparas, y permitía enchufar un par de aparatos), y dejó todo listo.
García comenzó la clase como si nada. En el momento en que iba a empezar la pelea encendió la radio. Todos prestamos atención, aunque seguramente no podíamos seguirla desde el punto de vista técnico. Ganó Pérez, triunfo que obviamente festejamos. Luego de lo cual el maestro García apagó la radio, y siguió dictando clases... como si nada.
Nunca me olvidé de lo que hizo García y cada vez que puedo aplico lo que aprendí aquella mañana en el aula. Por supuesto que en aquella época los alumnos no estábamos tan “adelantados” como para faltar a clase para quedarnos en casa escuchando la trasmisión de una pelea o un partido de fútbol.
Pero probablemente hubiéramos estado hablando todo el día de la pelea, y distraídos si -en el mismo horario en el que Pérez y Shirai intercambiaban trompadas- el maestro García nos hubiera intentado demostrar que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Este, inteligentemente, “encapsuló” la distracción y por consiguiente pudo utilizar el resto de las energías estudiantiles, al servicio de la enseñanza.
Quienes estamos al frente de clases tenemos que dar un paso más, en la misma dirección. Porque el Mundial de Fútbol es una excelente forma para hablar, “en caliente”, de la importancia de las reglas del juego, la estrategia, el fair play, pero también de la geografía, la historia, la política y la economía, no sólo del país anfitrión sino también de los otros países cuyos seleccionados van a participar.
El Mundial 2010 se juega en Sudáfrica. Con los alumnos, durante meses podemos hablar de Nelson Mandela. De lo que quiso hacer, de lo que le ocurrió, de lo que hizo y de por qué es un símbolo, presidiendo -más allá del cargo que ocupa- una de las transiciones más difíciles (y desde el exterior al menos, más exitosas) de las últimas décadas.
Pero también podemos hablar de la importancia de canalizar la creatividad dentro de reglas de juego que no controlamos ni podemos modificar a gusto, de la importancia de analizar el comportamiento deportivo de los adversarios para mejorar nuestra estrategia dentro de lo posible.
No tengo ningún problema con que “el Gobierno” se paralice cada vez que juega la Selección argentina (algunos hasta podrían llegar a sostener que la parálisis de la decisión pública puede mejorar algunas cosas, porque nos salvaríamos de algunas barbaridades). Mi problema, hoy, tiene que ver con el accionar, tanto del oficialismo como de la oposición, antes y después de cada uno de los partidos.


(Parte de una columna publicada por el economista -y docente- Juan Carlos De Pablo, en la revista Fortuna).

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