sábado, 3 de julio de 2010

En semifinales, los equipos

Ahora, que la tenemos adentro, mejor no hablar de ciertas cosas.
Pero sí un detallecito mundialista, un poco a las apuradas: quedaron en semifinales Alemania, España, Holanda y Uruguay.
Ni Cristiano Ronaldo, ni Rooney, ni Messi, ni Robinhio.
No es que Holanda no aproveche sus individualidades como Robben y Kuyt; no es que Uruguay no le haya sacado el jugo a Forlán y Suárez; no es que España no esté gustoso del gran momento de Villa, ni que el avance de Alemania no tenga nada que ver con las prestaciones de Müller y Klose.
Desde ya que esas individualidades han hecho sus aportes. Pero también es verdad que los cuatro que tienen chances de ser campeón enfrentaron el Mundial con una idea clara de juego. Son ideas distintas: cada cual de acuerdo a sus limitaciones y características. Unos lucen más y otros menos. Pero en los 4 casos hay una coincidencia: el equipo está por encima de cualquier individualidad.

La tristeza no es sólo brasilera

Se terminó el sueño, otra vez. A puro gol en contra. Con el asunto del golpe a golpe nos salió el tiro por la culata: fueron todos piñones en el mentón nuestro y no metimos ni una mano a tiempo.
Ya habrá tiempo -y otras ganas- de hablar del juego, de lo que pasó, de lo que significa.
Ganó Alemania, que es un equipazo. Literalmente: un equipazo, no un montón de individualidades.
Cuando un sueño se derrumba duele, desde ya. Pero más impotencia, la verdad, generan los buitres que van a aparecer ahora...
Paciencia, entonces. Paciencia y sabiduría.

viernes, 2 de julio de 2010

Es lo que hay: Uruguay

El fútbol es un negocio.
El fútbol es una mafia.
El fútbol es un circo.
El fútbol es el opio de los pueblos.
El fútbol es la continuación de la política por otros medios.
(Y todo lo que quieras...).
Pero el fútbol es un juego fantástico.
El pasaje de Uruguay a las semifinales del Mundial se dio de un modo impensado, sobre todo para un partido protagonizado por dos equipos claramente inferiores a los otros que aún quedan con vida en la competencia.
El fútbol nunca es lo que parece, y eso es lo que lo hace tan hermoso.
Cuando se iba el primer tiempo, el 0 a 0 estaba cantado. Pero nada es lo que parece: Ghana se encontró con una victoria parcial impensada con un tiro desde lejos de Muntari. Cualquier hubiera dicho que ese golpe sicológico, sumado a la lesión del líder Lugano, podía voltear a Uruguay.
Pero... ¿hace falta volver a decirlo?
En el complemento lo empató Forlán, en un tiro libre en el que falló Kingson, el que había sido tal vez el mejor arquero del Mundial.
Después todo fue monótono. Poco y nada. Parecía -en el fútbol siempre parece, pero no es- que iban a pactar tácitamente la igualdad en el alargue. Y en el segundo final, a la salida de una falta tonta cometida por la defensa uruguaya, un tiro libre cambió el rumbo de la historia.
Hubo una serie de rebotes afortunados, la Jabulani se enloqueció, el arquero Muslera salió a no se sabe dónde, Luis Suárez la sacó una vez en la línea cuando estaba el 2-1 de Ghana y cuando la pelota se metía otra vez el mismo Luis Suárez -delantero estrella del equipo uruguayo- se mandó una atajada (o más bien un bloqueo voleibolístico) que le valió la roja. Fue penal para los africanos, exactamente en el ultimísimo segundo del alargue.
Parecía que Ghana ganaba. Pero nunca es lo que parece.
Asamoah Gyan, que en este mismo Mundial ya había demostrado su eficiencia en los penales... lo tiró mal. La pelota besó el travesaño y se fue.
Y entonces todo cambió, porque nunca es lo que parece: la jugada que tanto parecía beneficiar a Ghana, la que dejaba el partido en sus manos -a partir de las manos de Suárez- se le volvió en contra. La impotencia pegó duro sobre los africanos y las manos de Suárez fueron, para los orientales, las de Dios.
Llegaron los penales.
¿Y quién pateó el primero de Ghana? Asamoah Gyan. Con la mochila de su fallo anterior, deprimido por la gloria que no fue, todo indicaba que podía regalar su penal. Pero nada es lo que parece: hizo un golazo y la serie siguió su curso.
Las manos de Muslera, al final, fueron para Uruguay otras manos de Dios: atajó un par, disimuló el que falló su equipo y permitió que el Loco Abreu definiera el pleito muy a su manera. Cuando se paró frente a la pelota, empezaron las apuestas: la pica, sí, la pica... parece que la va a picar, pero como nada es lo que parece... seguro que no la pica. Parece que no la pica... Y la picó el Loco, nomás, que por algo así le dicen.
Uruguay ya está en semifinales, gracias a su coraje, su pelea en el medio, los chispazos de Forlán y de Suárez. Después, luce como un equipo batallador pero cansado, quizá capaz para rebuscárselas en la pelea, pero con escaso talento y creatividad si se trata de ir a buscarlo, y sobre todo contra rivales más fornidos.
A simple vista, Uruguay es lo que hay: es menos que Holanda, que España, que Brasil, que Alemania, que Argentina... Encima ahora no tiene a Suárez, su niña bonita; y hasta puede quedarse sin el lesionado Lugano, caudillo, capitán y empeñoso zaguero central.
La Celeste, decididamente, parece mucho menos que los otros. Pero cuidado: en el fútbol -ese juego fantástico- nada es lo que parece.
Foto: Perfil

De la cabeza

Cuando un gigante se derrumba, hace más ruido.
Brrrrrrrrrruuuuuuuuuuuummmmmm, se escuchó la caída brasilera. El Mundial se quedó sin el gigante, sin el penta y gran candidato. Y perdió como debía ser: un equipazo que había mostrado solidez defensiva, creatividad ofensiva, una técnica inigualable, un orden táctico envidiable, un estado físico al tope de los participantes... perdió porque no le dio la cabeza en el momento más preciado.
La costumbre de ganar trae consigo múltiples beneficios: el aumento de la confianza, la seguridad en las propias fuerzas, la posibilidad de corregir errores sin hacer dramas.
Pero por detrás, esconde un detalle que mal manejado es un defecto: la soberbia se vuelve intolerancia cuando ocurre lo que los ultraganadores creen que nunca va a ocurrirles. Y entonces, el descontrol y la impotencia reinan aún cuando las cosas no estén tan fuera de lo normal.
La respuesta anímica de un equipo es tan importante como su condición atlética, tan importante como su capacidad técnica, tan importante como su orden táctico. Incluso podría decirse que la respuesta anímica es un poquito más importante que todo lo demás cuando se juegan partidos que son a todo o nada.
Brasil lo pasó por arriba a Holanda en el primer tiempo. Le hizo un gol que también fue un regalo defensivo: un pase largo de Melo cruzó la franja central de la cancha sin encontrar piernas naranjas en su camino, Robinhio se les escapó a todos (increíble: el marcador más cercano que tenía era Roben) y definió como brasilero.
Después no llegaron más goles de casualidad, porque Luis Fabiano faltó sin avisar y porque el arquero naranja Stekelemburg dio otra gran demostración cuando hizo falta, sobre todo ante Kaká.
Como fuera, Brasil se había demostrado superior (al menos en 3 aspectos: lo técnico, lo atlético, lo táctico). Pero llegó el minuto bisagra: 22 del segundo tiempo. Centro desde la derecha de Sneijder con su pierna menos hábil. Falla del arquero Julio César (hasta el mejor del mundo se equivoca), cortocircuito con Melo, el volante que la peina sin querer al arco vacío y 1-1.
Brasil se chocó con la peor parte de su espejo: el que se cree omnipotente no puede creer, ni siquiera, que lo igualen. En vez de "empezar de nuevo" el partido, cobrando conciencia de que simplemente estaban empatados, tratando de hacer lo mismo que lo había llevado a ganar y a demostrarse mejor, perdió los estribos. Se descontroló, se enojó, empezó la caza de culpables.
Sobre todo en algunos casos puntuales: Melo, por ejemplo. No se bancó el error cometido y sobre la pata cometió otro: perdió la marca de Senijder en un córner y Holanda se puso 2-1. No se bancó dos errores y entonces cometió un tercero: lo pisó a Sneijder en el piso y se fue expulsado.
Fue casi el fin del partido, aunque Brasil tiene tan enormes jugadores (Kaká, Maicon, Dani Alves, Lucio) que casi fuerza un empate pese a todo, aprovechando que los naranjas se comieron algunos contraataques imperdonables.
No es ningún secreto que Holanda tiene un muy buen equipo: está bastante firme del medio hacia atrás y además de Sneijder -un jugadorazo que hace jugar mejor a los otros- y Roben -hoy no tan desequilibrante, pero siempre peligroso- tiene el inacabable aporte de ese petiso Kuyt, que ya se mostró en otros partidos y que es una especie de Tévez a la holandesa, capaz de inquietar a la defensa rival, de llegar al gol, pero también de dar tremendas manos para recuperar la pelota.
Igual, a Brasil se le escapó por sí mismo. Este post, que advertía las maravillas del gran candidato a campeón, también anticipaba un punto en el que aparecían dudas: la capacidad de reaccionar ante la adversidad. "Así como en el rubro de la técnica roba por escándalo a cualquiera, en el partido de los ánimos puede dejar algo que desear. Los campeones también tienen que dar muestras de templanza. Hasta ahora a Brasil no le ha tocado ir en desventaja, ni sentirse dominado o sin el control del partido, pero en algunas ráfagas de sus choques con Costa de Marfil y Portugal -e incluso en los primeros minutos contra Chile- puso en evidencia algunas muestras de intolerancia que si se repiten le pueden jugar en contra".
Contra Holanda se repitieron. Y fue más grave. Porque el Mundial no perdona:  ¡Brrrrrrrrrrrrrrruuuuuuuuuummmmm!

jueves, 1 de julio de 2010

Es ahora, nene, es ahora...

Lío, vení… vení un segundo, nene, que tengo que hablar con vos.

Es ahora, ¿sabés, no? Es ahora…

Mirá, te digo… Hicimos todo, te dimos todos los gustos, te cuidamos, te mimamos, te tenemos entre algodones, te protejemos… Ahora te toca a vos, nene, ¿estamos?

Hicimos todo lo que pedías… Te dimos la 10, te pusimos en la misma pieza que Verón, te hablamos bajito, te consentimos en todo, les contamos maravillas de vos a todos los periodistas del mundo, miramos para otro lado cada vez que te equivocaste, ni nos quejamos de las publicidades…

Nos olvidamos, nene, de las eliminatorias, nos reímos de los que te dicen catalán aunque a veces pensamos lo mismo… pero dejá, eso ya está, ya pasó… Ahora es otra cosa. Te argentinizamos todo lo que pudimos, te hicimos ver los videos, te enseñamos la letra del Himno y te contamos de la Copa del ’86, del tobillo así de grande en el ’90, te explicamos lo que es ahora el país… ¿vos sabés lo qué es ahora el país, sabés lo que está pasando allá en Buenos Aires, en la Patagonia, en el norte? ¿Sabés cómo están esperando entusiasmados en los puertos, en los puntos más lejanos, en las villas, en las fronteras y en las grandes ciudades? ¡Y en Rosario! ¿Te acordás de Rosario, nene, todavía?

Bueno... Por eso te digo, nene, es ahora… ¿entendés?

Mirá que estamos haciendo todo, ¿eh? Te abrazamos, te protegemos… Ya ni nos importa la gloria pasada, ni nos vamos a poner en comparaciones. Les decimos a todos, como convencidos, que sos el mejor del mundo y que vas a ser el más grande de la historia. ¿Te crees que a nosotros nos gusta que nos rompan las pelotas con esas pavadas de que no queremos que te luzcas, que no te ponemos en la posición que te conviene para que no seas la gran estrella, que tenemos celos o envidias? Pavadas, nene, pavadas… pero dejá… mejor que los periodistas nos maltraten a nosotros y a vos ni te toquen.

Te pusimos a Verón para que te pase la pelotita todo el tiempo, te dejamos todos los minutos en cancha para que te sientas bien, te llenamos el equipo de delanteros para que te distraigan marcas y no te sientas solo, contra Grecia hasta te dimos la cinta de capitán, aunque nadie se lo creyera, pero bueno… los muchachos entendieron, todos comprendimos que a lo mejor así te sentías un poco mejor, un poco más seguro…

Te dejamos en la cancha todo el partido a ver si metías tu golcito… no pudo ser, pero bueno, tuviste mala suerte… los palos, el arquero… igual, todo bien… Pero por eso te digo: es ahora, nene, es ahora, ¿entendés?

Te dejamos todo el tiempo contra Méjico, también… ¿Sabés? Cuando estábamos 3-0 arriba el cambio estaba cantado, pero ¿viste lo que hicimos? Lo sacamos a Carlitos y te dejamos a vos… dos pájaros de un tiro matamos para darte el gusto: lo sacamos a Carlitos para que no fuera tan estrella, para que ni se le ocurriera superarte… y a vos te dejamos en cancha para que hicieras tu golcito… No pudo ser, tampoco, pero bueno… no importa… Es ahora, nene, es ahora… ¿y vos te crees que si ahora arrancás con todo alguien se va a acordar que contra Méjico no jugaste nada?

Dale, es ahora… Mirá que nunca te pedimos nada, ¿eh? Nada de bajar a marcar, ni de correr demasiado… Nos hicimos los distraídos con las masitas que tiraste en los córner y en los tiros libres, pero igual te dejamos manejar la pelotita… Miramos para otro lado cuando empezás a refunfuñar, nos hacemos los otarios cuando te agarran esos caprichitos y te atás y desatás los cordones…

Te tiramos en la cancha a Pastore un par de veces, porque te la pasa, porque te gusta a vos, porque anda a tu misma velocidad… Mirá, hasta te digo una cosa: no sé si no te lo mandamos de vuelta a Pastore en este partido, de entrada, para que estés cómodo, ¿te parece?

Pero vos empezá a devolver un poco, nene, ¿estamos? Todo bien hasta ahora, no hay reproches, pero… ya está, nene, nosotros hicimos todo… Armamos la concentración del buen humor, te juntamos con los compañeros que vos querés, hicimos jugar al equipo para vos, te llenamos de gustos y de mimos…

No importa que nos digan desubicados, exagerados o mentirosos porque comparamos las patadas que te dan con las de Gentile en el ’82… en realidad, nada que ver, pero bueno… todo sea para protegerte… Digo… al lado de las patadas de Gentile en el ’82 las de ahora son caricias… Pero en voz alta nos quejamos de los árbitros que no te cuidan, de los defensores que no te dejan jugar… Ya sabemos que no es tan así, pero en una de esas… no sé… eso te ayuda un poco, ¿no?

¿Te sentís bien, te duele algo? ¿Estás cómodo, andás con ganas?

Entonces, nene… es ahora, ¿estamos? Es ahora… Mirá que hasta Cristiano, que fue un desastre, hizo un golcito… ¿cómo no vas a tener dos o tres pepas guardadas ahí? ¡Con todos los que hiciste este año en España! Algunos te habrán quedado para el Mundial, me imagino…

Dale, dale que vos sabés… empezá a devolverle al equipo y a los muchachos parte de todo lo que te estamos dando. ¿Podés, nene, querés? Dale, dale… ¡es ahora!… encaralos a esos centrales alemanes, quebrales la cintura hasta desarmarlos, haceles pasar vergüenza y ponela contra el palo… Dale, nene, que después nosotros lo aguantamos y les decimos a los medios que sos el héroe y vienen más publicidades… y en una de esas hasta te hacés más argentino en el momento en que grites los goles… Es ahora, nene, es ahora, vos no sabés lo que es el país esperando que esto pase… Es ahora, nene, es ahora…

miércoles, 30 de junio de 2010

Un llamado colectivo a las mejores musas

Argentina y Alemania van a jugar otra vez en cuartos de final, como ocurrió en el Mundial pasado. Y repetirán, a su modo, las finales de México ’86 e Italia ’90. A tan escasas horas de lo que ya es un clásico internacional, no hay dudas de que el DT ya tendrá tramadas todas sus tácticas y estrategias…

(El DT alemán, digo, que para eso le pagan).

El Diego, sobrehumano como es, seguro anda en tareas un poco más colosales que esas menudencias terrenales: su misión es nada menos que convocar a las musas –ni siquiera a las suyas, sino a las de sus muchachos– y eso sí que no se arregla con pizarrones ni indicaciones al paso.

Y como la magia bien puede ser el fruto de una energía colectiva, no deberíamos dejarlo solitario en la tarea, sino hacer el siempre silencioso aporte de nuestros hechizos para sumar a la causa. Por lo menos si el asunto de verdad nos importa.

Ya demasiado sabemos ese cuentito de que las brujas no existen, así que tomémonos el trabajo de conocer y demostrar que las hay, las hay… Más allá de la Bruja en cancha, vamos a necesitar en estas horas de los mejores augurios.

Podríamos, en nuestra nochernícola vigilia de la mañana sabatina, curar el insomnio con fantasías que nos depositen en la gloria.

Deberíamos, para ello, ahuyentar los altos fantasmas de Rumenigge y Rudi Völler merodeando el área chica; y en cambio llamar las ánimas de la solidez y la reciedad para tatabrownizar a Demichelis, y si está demasiado alemanizado prometerle sólo pagos en aplauso por productividad, o llegado el caso amenazarlo con secuestrarle a su chica Anderson, que no será Pamela pero casi.

Debiéramos armar un gualicho sudaca para espantar el espectro del papelito de Lehman y sus fatídicos penales, triste fusilamiento deportivo; y en cambio debiéramos emplazar en nombre de la patria la burruchaguizada corrida memorable de ese otro cósmico barrilete que apareció sobre la hora en la tarde del Azteca.

Hay que gambetear los injustos espantajos del mejicano Codesal que mejor se dedique a la medicina– sancionando aquella jugada a pedir de Brehme y que ahí entendimos porqué la llaman pena máxima; y hay que invocar los filosofogoleadores espíritus valdanísticos para estar en cualquier lado de la cancha si hace falta: multiplicar es la tarea.

Hay que aventar las visiones del patadón para roja que dio Pedro Monzón, de la inoportuna caída del Pato Abondanzieri, de las mismísimas lágrimas diecesanas en Italia, para citar a los duendes del cabezazo de Ayala, de la fiesta austral del ’86 y hasta del misterioso zapatazo que Hernán Díaz sacó de no se sabe dónde una tarde amistosa.

Hay que expulsar aquella imagen 06 del Messi sin infancia, puchereando sentado, ensimismado o eningunado, con sus auriculares sin vuvuzelas y su chile globo azul celeste, lejos de su equipo y de los sueños; para reconvertirlo en gambeta 10, rebeldía juvenil, cintura argenta, zurda diabla y al fin gol, sea de penal o de lo que fuera.

Argentinos, a las cosas: tenemos tarea para la noche previa. Y si en una de esas, entre embrujos y fantasías, logramos salir del estado de desvelo, cerramos los ojos y nos dormimos, no lo dudemos: soñemos que podemos. Y podremos.

martes, 29 de junio de 2010

El referí demasiado justo

El colorado De Felipe era referí. Contra la opinión general que lo acreditó como un bombero de cartel, quienes lo conocieron bien juran que nunca hubo un árbitro más justo. Tal vez era demasiado justo.
De Felipe no sólo evaluaba las jugadas para ver si sancionaba alguna infracción: sopesaba también las condiciones morales de los jugadores involucrados, sus historias personales, sus merecimientos deportivos y espirituales. Recién entonces decidía. Y siempre procuraba favorecer a los buenos y castigar a los canallas.
Jamás iba a cobrarle un penal a un defensor decente y honrado, ni aunque el hombre tomara la pelota con las dos manos. En cambio, los jugadores pérfidos, holgazanes o alcahuetes eran penados a cada intervención. Creía que su silbato no estaba al servicio del reglamento, sino para hacer cumplir los propósitos nobles del universo. Aspiraba a un mundo mejor, donde los pibes melancólicos y soñadores salen campeones y los cancheros y compadrones se van al descenso.
Parece increíble. Sin embargo, todos hemos conocido árbitros de locura inversa, amigos o lacayos de los sobradores, por temor a ser sus víctimas. Inflexibles con los débiles y condescendientes con los matones. Una tarde casi lo matan en Ciudadela. Los Hombres Sensibles de Flores lamentaron no haber estado allí, para hacerse dar una piña en su homenaje.


Alejandro Dolina, en "Crónicas del Ángel Gris"

Juego, tecnología y estrellas

Propongo: que el brillante Gustavo Arballo abandone el Derecho y se dedique pura y exclusivamente al fútbol, porque lo hace de modo estupendo y no hay otro que haga lo mismo: es como Carlos Tévez, un irremplazable. En su blog, usando supuestas palabras del presidente de la Corte Suprema de Justicia Ricardo Lorenzetti (cada partido lo "comentó" un ministro supremo) dice cosas esenciales y maravillosas como las que siguen.
  • La gracia de los grandes equipos es tener un hardware y un sistema operativo que les permita sobrevivir, sin colapsar, jugando mal. Algo que fatalmente ocurre, siempre, porque nadie juega bien siete partidos seguidos.
En el mundial hay equipos que jugaron bien y casi siempre ganaron, y por supuesto equipos que jugaron mal y casi siempre perdieron. Alguno de ellos, por excepción, pudo haber empatado o sacado un triunfo pijotero jugando mal.
Lo que no había hasta ahora es un equipo que pudiera acreditar haber jugado mal, ver eclipsada su súper estrella, y aún así, ganar cómodamente. El triunfo de Argentina es mucho mejor que una goleada tardía, como la de Alemania. Es cualitativamente mejor porque ha ganado de un modo tal que nunca tuvo el partido en riesgo, mientras que si Alemania autoboicoteaba su ventaja temprana de dos goles iba a sentir en sus tripas un intenso olor a derrota posible.
Entre muchas otras razones para ser optimistas en el mundial, ahora tenemos ésta: Argentina fue el equipo que mejor jugó jugando mal. Un gran mal jugador, qué ideal de belleza.
(...)
  • El día de ayer es al viejo fútbol de escrutinio artesanal (a ojo desnudo) lo que el caso Carrasco fue al servicio militar. Este será el último mundial donde vamos a ver tipos que meten goles estando dos metros en offside, o tantos que no se cobran con la pelota una yarda adentro del arco. En un momento la FIFA jugó con el morbo que generaba el error arbitral. Ahora ya ha dejado de ser gracioso. Se verá desde luego la forma de limitarlo para que no sea un engorro, pero persistir en eso es como lo de los procesalistas que se negaban a mirar por el telescopio de Galileo.
Ahora, habiendo dicho esto, tengo que confesar que casi lloro cuando vi el incidente del gol en offside y lo que hizo el juez Rosetti. Hay que sentir (y esto es intransferible, yo no la sentí hasta que llegué a la Corte) esa amarga y sofocante tensión del que ve patentemente un error en el decisor y al mismo tiempo sabe que el recurso presentado no puede prosperar. También es instransferible sentir cómo se disipa mágicamente el problema poniendo nada más que un número arábigo de tres dígitos.
Pero estábamos con la tensión. Y entonces, qué hace uno. Recurre a una solución no prevista (mirar la pantalla) en aras de la justicia material, invocar la gravedad institucional del caso o el cuarto inciso no escrito del artículo catorce. O sigue la ley que le prohíbe hacerlo, los ápices procesales frustratorios. Qué preferimos, ser justos o ser legales.
La gran tentación es la de "hacer justicia", pero esa solución de egoístas y de inmaduros está fuera del rango de competencias de un juez. Porque sólo lo puede hacer asumiendo que tiene derecho a hacer cosas que el reglamento no le permite. Y si lo hace en este caso, toda su legitimidad quedará resentida porque pierde la base de su autoridad. Lo respalda el reglamento, como dice el positivista Apo, y ninguna otra cosa, agrego yo. Sin respaldo no somos nada, ni toga tenemos.
Si el juez italiano anulaba el gol luego de ver la repetición no podría negarse más tarde a hacer lo mismo con cualquier otra jugada que ocurriera en el partido. Sería él, y no Argentina, la primera víctima de su propia jurisprudencia. Desde ahí y hasta el final del mundial cada jugada polémica iba a suscitar la tentación de ver la repe recurriendo al "excepcional" precedente. Las consecuencias serán inmanejables. Si va a haber video ref, que sea por decisión normativa del legislador, no por soluciones casuísticas y pretorianas que por su discrecionalidad intrínseca son un llamamiento al botellazo.
Qué gran tentación resistió Rosetti. Qué afinado su cálculo de costos implícitos. Cómo ha honrado la enorme responsabilidad de la magistratura. Cómo ha asumido estoicamente las obvias calamidades personales que se seguían de su decisión, el descrédito infamante, el ser eyectado in límine del pool arbitral del mundial. Cómo ha incluso observado la neutralidad posterior, pues aún sabiendo que un equipo fue perjudicado no se indujo a "compensarlo" con fallos punitorios para el equipo rival.
Como me caben las generales de la ley, debo reconocer que hay acá algo que bien me decía Raúl por SMS: nos fanatiza la decisión de Rosetti, no sólo porque reduce poder punitivo, sino porque además nos conviene. Si no fuera así, todavía estaríamos puteando contra los ápices procesales frustratorios.
En el próximo acuerdo voy a ver si los convenzo para que pongamos una gigantografía de Andrés Rosetti ahi donde estaba la virgen.
  • Maradona siente como axioma que los superpoderes de este equipo (y su condición de campeonidad) están en Messi, y que esos superpoderes son tan frágiles como lo es la débil autoestima de Messi a extramuros de Barcelona. Entonces su ley primera es establecer y ratificar que Messi es la estrella del equipo, lo cual implica que nadie más puede serlo.
Habiendo visto que Tévez se perfilaba para opacarlo, le amputó a Calito el partido super consagratorio que tal vez se merecía, pero que ya no era necesario para ganar el cruce. Todo para evitar que se provoque un desequilibrio en la biodiversidad, un tajo transversal en la muy compleja cadena alimentaria de los egos de este ensambladísimo grupo. Maradona comprende eso y lo impide. Un Tévez super star hubiera sido una mala noticia para Messi y por ende una mala noticia para todos.

lunes, 28 de junio de 2010

El penta

Nada nuevo bajo el sol, amigos: ahí está Brasil, que es el de siempre, el pentacampeón que por algo será; el que tiene los mejores jugadores; el que se alegra de ser como es, el que ataca más allá del verso de que la dunganización lo convirtió en sistemático y defensivo.
Le pasó el trapo a Chile: fue 3 a 0 porque el partido quedó definido enseguida y prefirió perdonarlo y cuidar a sus tres estrellitas de ataque. Pudo ser un marcador más abultado, aprovechando también que la consabida honestidad brutal de Marcelo Bielsa iba a preparse para el partido como si fuera de igual a igual y no planeando otras metodologías de estorbo para esos deliciosos jugadores de fútbol.
Eso no debe impedir una certeza: en el principio no sonaba tan fácil, los caminos verdeamarelhos encontraban algún obstáculo en la presión de un Chile con la autoestima más alta que nunca en su historia.
El derrumbe acaeció, entonces, de un modo que Brasil también guarda en su guantera repleta de recursos: la pelota parada. Centro perfecto y cabezazo rotundo de Juan, uno de esos defensores altos que vienen desde el fondo y dan miedo en el área rival.
Luis Fabiano, animal del área, hizo una parecida a la del Pipita Higuaín para poner el 2 a 0 en un contraataque magistral que hay que ver mil veces, sobre todo por el movimiento sabio y veloz de ese jugadorazo (¿el mejor del mundo?) que es Kaká: picó 25 metros sabiendo exactamente el lugar en el que debía ponerse y calculando tiempos, espacios y lugares para tocarla de primera sin que el goleador quede en off-side. Kaká es un monstruo, completito y redondo como jugador: es capaz de gambetear y tiene una velocidad de sexta marcha, pero mucho antes que eso -mucho mejor que eso- tiene una concepción del juego como un hecho colectivo que le hace ser un maestro de la sencillez para aprovecharse de las virtudes de sus comapañeros y de los defectos del rival.
Después llegó el gol de Robinhio, que hasta entonces no había hecho mucho, para demostrar que hasta cuando juega mal define cosas.
Al margen de sus individualidades de ofensiva, Brasil es el gran gigante otra vez porque respeta su historia: es sin dudas el mejor equipo desde el punto de vista técnico; todos sus jugadores tienen buen pie y una pegada que a cualquiera de los que estén en cancha lo hace candidato a un golazo de media distancia al estilo Carlitos Tévez contra México.
Otro detalle: hasta este partido, Felipe Melo -por decirlo de algún modo, su Mascherano- parecía insustituble. No estuvo y no se notó. Otro que había sumado grandes porotos surcando la banda derecha fue Elano (hizo 2 goles en la primera ronda). Tampoco estuvo y Dani Alves lo suplantó a su altura, o mejor.
Por la contra, debe decirse que el recambio que parece tener en ese sector del campo es posible que no lo encuentre arriba, y de ahí la decisión de Dunga de hacer descansar a su tridente. Para seguir con los burdos ejemplos: Messi-Higuaín tienen en Agüero-Milito reemplazantes más incisivos, peligrosos y parejos que lo que parecen Nilmar y Baptista.
Chile hizo unas aproximaciones sobre el final, con el partido ya liquidado. Poco y nada. Pero la verdad que fue más de lo esperable para el Chile histórico, que tuvo la mala suerte de cruzarse tan temprano con los dos máximos candidatos al título (el otro fue España), de quedarse con el goleador rengo (Chupete Suazo) y de sumar suspensiones fruto de la entusiasta enjundia a la hora de meter presión.
Más allá del resultado, Bielsa logró algo magistral: convenció a sus jugadores de una idea generosa y los comprometió tanto con esa ambición que para darse cuenta de que no eran realmente un equipo grande tuvieron que caer nada menos que ante dos gigantes.
El revés de esa trama puede analizarse también así: Chile fue un equipo muy convencido, tal vez el más convencido de todo el Mundial, pero a la vez convencido de una falsa verdad, porque nunca fue cierto que pudiera estar a la altura de los más grandes.
Brasil ya había sorteado sin obstáculos su grupo. Todos sabemos que le gusta ir de menor a mayor, va acomodándose a la competencia, haciéndose amigo de la pelota: venció sin convencer demasiado a Corea del Norte, ganó claramente con Costa de Marfil. Y con Portugal (0-0) exhibió sus mayores problemas: ese día aparecieron grietas defensivas, espacios aprovechables en las espaldas de sus laterales Maicon y Bastos (casi dos atacantes, que por lógica otorgan alguna ventajita a la hora de protegerse): Holanda, con Roben y sus inquietos mosqueteros de ofensiva, puede hacerle daño en los cuartos de final.
Otro punto en el que Brasil parece en deuda es su capacidad de reaccionar ante la adversidad. Así como en el rubro de la técnica roba por escándalo a cualquiera, en el partido de los ánimos puede dejar algo que desear. Los campeones también tienen que dar muestras de templanza. Hasta ahora a Brasil no le ha tocado ir en desventaja, ni sentirse dominado o sin el control del partido, pero en algunas ráfagas de sus choques con Costa de Marfil y Portugal -e incluso en los primeros minutos contra Chile- puso en evidencia algunas muestras de intolerancia que si se repiten le pueden jugar en contra.

Holandoargentina

Holanda hizo lo que tenía que hacer, y sin despeinarse: ya está en los cuartos de final con el mismo paso triunfal que la Argentina, y de la mano de algunas otras coincidencias.
La Naranja, como nuestra Selección Nacional y Popular, ganó los 4 partidos que jugó. Y también es cierto -en ambos casos- que se toparon con rivales no del todo potentes. Pero además Holanda y Argentina tienen un estilo de juego con algunas similitudes: buen trato de la pelota, apuesta a los desequilibrios individuales, ciertas debilidades defensivas, problemas cuando el balón lo maneja el rival.
Frente a Eslovenia, y como se preveía, Holanda lo definió en un par de ráfagas, aunque etregó su valla invicta en el último segundo (un penal que transformó en gol Vittek, delantero que hasta ahora juega en el fútbol turco pero como premio a un interesantísimo Mundial -conquistó 4 goles- seguro será llamado desde alguna liga más importante).
Antes, sólo durante 5 minutos su victoria cómoda estuvo en riesgo: el arquero Stekelemburg mostró en un par de ocasiones que también tiene jerarquía para este nivel. Antes y después de esos sofocones, Eslovenia dejó en claro que ya estaba de más en el Mundial: el daño importante, dejar afuera a Italia, ya lo había hecho.
Holanda ha demostrado hasta ahora -contra Japón, Dinamarca, Camerún y Eslovenia- que es un equipo con buen rodaje, bien armado, seguro de sí mismo y que tiene lo que está empujando a los mejores hacia el momento de la definición: grandes jugadores, desequilibrantes, en la ofensiva. De esos que definen una historia por su cuenta.
Así como Higuaín y Tévez aparecieron por las suyas para llevarse un par de partidos, esta vez fue Roben el que demostró que está entre los mejores del mundo. Roben, que venía de una lesión, sólo había entrado contra Camerún durante un picante cuarto de hora: ese día tocó la pelota una vez y metió un furibundo remate en el palo.
Esta vez no iban ni 20 cuando hizo la jugada típica, la que a Messi todavía no se le convierte en gol: regate desde la derecha hacia el centro, buscando el perfil zurdo y el tiro al arco. Golazo, abajo, contra el primer palo. Otra muy parecida se la sacó el arquero y los dos pases de gol que sirvió no terminaron adentro por poco.
Roben es una especie de Messi, encarador, gambeteador, puzante, menos veloz que el argentino pero más maduro (tiene 3 años y medio más), lo que le permite ser más cuidadoso con la pelota, elegir más oportunamente los lugares y momentos donde arriesgar.
Y no es lo único que tiene Holanda. Además de la peligrosidad con subibajas de Van Persie y el petiso Kuyt, en los pies del 10 hay una buena porción de los éxitos naranjas: Sneijder, el todoterreno del Inter, tiene aportes riquelmeanos, incluyendo su capacidad goleadora. Es un jugador de dinámica admirable, con una pegada de clase ejecutiva, y en el que resaltan la inteligencia, la capacidad de hacer jugar a los otros y la perspicacia para entender las mejores virtudes de sus compañeros. Es como un Verón con 9 años menos.
Todo eso ofrece Holanda como candidata a estar en la final. Y más coincidencias tiene con Argentina en un punto: cuando la atacaron -que ocurrió poco- tuvo problemas bastante serios.

domingo, 27 de junio de 2010

Una pirateada y una mejicaneada

Los alemanes piratearon a los ingleses y los argentinos mejicaneamos a los aztecas: un par de vergüenzas arbitrales fueron las que empezaron a definir seriamente los octavos de final.
La terna uruguaya se quedó con un gol de Lampard que era el empate 2-2 de un partidazo, la terna italiana se comió un clarísimo off-side de Carlitos Tévez, habilitado por la nada en el 1-0.
Después, cada cual hizo lo suyo con esa ventaja: Alemania la administró, se lució y goleó. Argentina estiró la ventaja con más pena que gloria. Los dos demostraron ser mejores que sus rivales, pese a la mancha imborrable de esos errores arbitrales garrafales, encima denunciados in fraganti por la tecnología.
Un puñado de conclusiones sobre el juego de la Selección.


-Fue el peor partido de Argentina. El rival quizá fue el más serio de los enfrentados hasta ahora, pero tampoco podemos creer que Méjico es una potencia. Un par de ejemplos: un equipo en el que ataja el Conejo Pérez y en el que es titular el Bofo Bautista, ¿puede tener -de veras- alguna aspiración de llegar al famoso quinto partido?


-Hasta el momento del vergonzoso 1-0, Méjico no sólo había sido mejor sino que por minutos se llevó por delante a Argentina. Pudieron ponerse en ventaja. Ese gol tan viciado de nulidad enrareció hasta el clima. Nunca fue tan deseado que dieran marcha atrás con una decisión de ese tipo, para no torcer de semejante modo una historia deportiva. Me acordé de Cachito Vigil, el DT de Las Leonas famoso por su fair play. Pero el hockey no es fútbol.

-No es novedad, pero se entiende porqué Carlos Tévez es el que no puede faltar.

-Sí es novedad: a veces se entiende porqué Gabriel Heinze es tan importante en este equipo. Hoy sacó todo, bancó el lateral izquierdo en los peores momentos y pese a la ausencia sin aviso de Di María, que con la actuación de hoy completó méritos como para dejar de ser titular.


-Un acierto de Diego: Otamendi cumplió como lateral derecho y derribó esas discusiones sobre si los defensores/jugadores son “centrales por naturaleza” o qué. Otamendi marcó como un lateral, tuvo criterio de lateral, velocidad de lateral y metió un centro digno del mejor Cafú en esa jugada que al Pipita se le “resbaló” en la cabeza.


-Un error de Diego: mandó a Verón a la cancha justamente por Carlitos Tévez. Pudo haber sido una maniobra para cuidar a su mejor jugador con vistas al partido con Alemania, pero faltaba demasiado tiempo como para dar por cocinado el partido. Ese cambio probablemente hubiera sido por Messi, en condiciones normales: si la estrella ya hubiera marcado algún gol. De todos modos ya es hora de que el equipo, que se ha demostrado en su juego absolutamente messindependiente, deje de trabajar tanto para su figura, al menos si esa tendencia perjudica el interés del conjunto. Por momentos da la sensación de que el viejo lema mosquetero “todos para uno y uno para todos” la Selección lo ha reformulado de modo injusto con un “todos para Messi y Tévez para todos”: a Messi lo miman, lo aguantan, lo contienen y le dan los gustos para ver si por fin mete un gol; a Tévez -porque siempre da- le piden que corra, que meta, que gambetee, que banque patadas, que haga goles, que retroceda y que salga en el final de la fiestita...

 
-El ingreso de Verón, de todos modos, era cantado. Incluso queda planteado el interrogante respecto de si no debió estar desde el inicio. Argentina nunca le encontró la vuelta al partido, más allá de los regalos que pusieron el marcador 2-0 en un ratito. La ausencia de Verón se sintió y el funcionamiento de Argentina fue el peor desde el inicio del torneo, sólo con los puntos altos ya citados (Otamendi, Heinze, Tévez) y Mascherano.


-La definición de Higuaín en el segundo gol fue una delicia. Después del yerro mejicano, enfrentó al arquero y le hizo una de fútbol 5: pisó la pelota y se la llevó para la zurda con la suela derecha. Una jerarquía descomunal, que es la que le da miedo a cualquier rival, y que se repite en otros argentinos que están a mano del DT: Agüero, Milito, Messi, hasta Pastore...


-Messi, puntualmente, pareció adherido al Día Nacional del Boludo. Desde el primer gran partido contra Nigeria, jugó cada vez peor. Tal vez es momento de que explote, en el buen sentido. Sus falencias de hoy, en parte, son su culpa, porque cuando sus gambetas no le salen -que puede pasar- no muestra una actitud combativa; en parte es culpa nuestra, que probablemente esperamos de Messi más de lo que realmente puede dar; en parte es culpa del DT, que insiste en colocarlo en una posición demasiado retrasada, en la que no causa tanto daño a los rivales y en la que es más fácil marcarlo. Otra vez tuvo mala suerte (o se encontró con una gran atajada del Conejo Pérez) en el intento del final. Sigue sin hacer goles. Pero así de negativo como parece ese dato, puede cargarse de optimismo. Rooney tampoco hizo algún gol, y ya se volvió para Inglaterra. Además, la verdad, ¿no es un encanto haber llegado a cuartos de final contra Alemania sin que Messi haya mojado todavía? ¿Cuánto más creen que puede mantenerse esa sequía?

Dos potencias se saludan

Un partido cargado de historia -¿más historia que presentes?- protagonizarán Alemania e Inglaterra, dos auténticas potencias, por los octavos de final: se han visto cara a cara en choques inolvidables como la final del '66 en Wembley o aquella semifinal que terminó a los penales en Italia '90.
Los dos fueron campeones del Mundo y son candidatos a quedarse con la Copa en Sudáfrica 2010, pese al paso irregular que tuvieron en la primera fase. Un detalle: el árbitro será el uruguayo Jorge Larrionda, que tiene sus cositas...
Algunas claves pueden ser:
-Alemania es un equipo joven: eso puede ser una virtud a la hora de la vitalidad en la pelea, pero también un costo por la falta de experiencia en este tipo de choques.
-Inglaterra jugó su mejor partido (y lo hizo para muy bien) cuando estuvo bajo presión: le ganó a Eslovenia el partido final de la primera ronda, obligado al triunfo para clasificar, y ese día aparecieron las mejores virtudes del equipo, que habían estado ausentes en los dos cotejos anteriores.
-Alemania jugó un partido perfecto contra Australia, el día en que la goleó, pero después cayó derrotada increíblemente contra Serbia y zafó gracias a su victoria frente a Ghana, que ahora se descubre que no es tan mal equipo.
-Inglaterra le iba ganando a Estados Unidos, pero pagó carísimo el error de su arquero Green, al punto que no volvió más al equipo y le dejó su lugar a David James, alguien que hasta ahora no metió la pata, pero no otorga justamente seguridad. Neuer, el arquero alemán, tampoco es Schumacher ni Oliver Kahn.
-Alemania tiene para ofrecer no sólo su clásico orden y funcionamiento colectivo, sino también algunos chispazos de fútbol latino -que salen de los pies de Oezil, Lahm o Podolski- y un goleador como Klose.
-Inglaterra tiene su receta de siempre, los centros, como arma principal, pero también ofrece estrategas y bordadores como Lampard y Gerrard y un delantero picantísimo como Rooney: es una mala noticia para Alemania que Rooney todavía no haya convertido goles (le pasó cerca varias veces, como Messi), porque seguro que no va a pasar mucho más tiempo más en esa situación...

sábado, 26 de junio de 2010

Celeste y negro

A los uruguayos les encanta ganar así. A todos, en realidad, nos encanta ganar así: apretados, haciendo el aguante, bajo la lluvia, pegándole un último puntazo a la angustia antes de que termine el partido. El sabor de las victorias sufridas se disfruta especialmente.
Así, muy a lo uruguayo, la Celeste vamo' arriba se metió en los cuartos de final.
Le ganó al generoso equipo coreano, que hizo goles en todos los partidos, que lo apretó durante casi una hora hasta empatarle 1-1 y que no se lo volvió a igualar porque entre el agua, el barro y el aguabarroso Lugano la sacaron antes de que cruce la línea.
Era lógico y fue justo: Uruguay ya está entre los 8 mejores.
Premio a esos zagueros centrales que dejan alma y vida, con Lugano como abanderado (aunque a veces te deje a pata porque puede hacerse echar -detalle que parece ir mejorando con la edad- es un defensor de la gran puta, no sólo por aguerrido y valiente, sino también por bien ubicado y por condiciones técnicas); a ese volante que es Diego Pérez, y que es uno solo aunque a veces parece que tuviera un gemelo jugando en otra zona de la cancha; y a ese par de delanteros que se entienden de maravillas, que son solidarios entre sí y que andan en buena racha, así que agarrate: Diego Forlán -no pone peros cuando tiene que dejar de lucirse-, y el Zorro Suárez, que se consagró con dos goles -el segundo, una belleza- en el nivel internacionalísimo.
Lo que se les viene es Ghana, que consiguió finalmente un poco de respeto por el fútbol africano, ganándole a un Estados Unidos apagado, que -como ya han hecho algunos otros equipos- ni siquiera apeló en los minutos finales a la ambición desesperada para no quedarse afuera. Por más que el arquero fue a cabecear en un centro, a los yanquis -sin embargo tan gustosos de esas películas baratas con hazañas deportivas de finales felices- les faltó un libretista que los empujara al menos a buscar la gloria desde el desenfreno.
Y eso que estaba todo más o menos preparado: hubo alargue y jugadores que corrieron hasta 15 kilómetros, como si estuvieran en Hollywood. Pero no.
El show de todos modos no faltó: Mick Jagger estuvo en la tribuna como si fuera americano de la primera hora, y también Bill Clinton asomó por allí para gritar la victoria contra un representante del tercermundismo, que en este caso no ocurrió.
Los ghaneses son de considerar, porque tienen en el arquero Kingson a uno de los mejores del Mundial -hoy ratificó lo que había mostrado en los otros encuentros- y porque por algo llegaron hasta allí, pese a que tuvieron en su camino obstáculos del nivel de Alemania (perdieron por poco) y Serbia (ganaron por poco).
A simple vista parecen un poco menos que los hermanos sudamericanos, que tienen -sobre todo- el detalle que sirve para ganar los partidos: delanteros encendidos y de jerarquía.

Vamo' arriba la Celeste

A partir de la desvencijada imagen que Corea del Sur dejó frente a Argentina el día de la goleada con los 3 del Pipita, puede caerse en el apresuramiento de dar por descontado que Uruguay le pasará el trapo en el choque que inaugurará los octavos de final.
Pero cuidado: Corea puede volverse un equipo incómodo si abandona el excesivo respeto por lo que tiene enfrente.
Lo demostró en este mismo torneo, no sólo ante Grecia cuando la pasó por arriba y en el empate que cosechó frente a Nigeria para clasificar, sino también contra la propia Argentina cuando se quedó sin nada que perder, se animó a salir un poco más y metió en el mediocampo una presión interesante, a partir de las características físicas de la mayoría de sus integrantes.
Desde ya que Uruguay tiene unos porotos más de su lado, porque además de ser un equipo insoportablemente aguerrido (muerde atrás y en el medio, se esfuerza solidariamente, tiene una organización que compensa algunas limitaciones de sus individualidades) también tiene en la ofensiva la amenaza siempre presente de un goleador de los buenos como es Forlán y del Zorro Suárez en buena racha.
Está claro que será una lucha sin cuartel en el medio, al menos hasta que alguna situación rompa la paridad.
En el otro partido de la jornada, Estados Unidos es favorito ante Ghana, aunque no quiere decir que cuente con grandes ventajas.
Durante la primera ronda, los yanquis se quedaron merecidamente con el primer lugar de su grupo -aunque tuvieron que sufrir y llegaron con un gol sobre la hora-, mientras que los africanos pasaron con lo justo (finalmente, gracias a un penal contra Serbia), y ya conociendo el gusto de la derrota (ante un grande como Alemania).
El destino de Ghana depende directamente de su arquero Kingson (hasta ahora muy seguro) y de Asamoah, que casi todo lo que tiene a mano lo tira para el lado del arco rival.
Lo que tiene Estados Unidos para aportar a un partido lindo de ver, es que ataca permanentemente. Y lo hace, incluso, con criterio, a partir de lo que ofrecen el negro Altidore bien arriba y ese volante completito que es Donovan, quien -créase o no- es hasta ahora uno de los mejores jugadores del Mundial.

viernes, 25 de junio de 2010

Empieza lo mejor



Arrancan los octavos de final, que son eso que algunos llaman “el inicio del Mundial”. Una verdad muy a medias, como supimos en 2002 cuando no pasamos de esa primera fase, y como ahora bien lo saben -lo padecen- Italia, Francia o los locales.
Es decir: el Mundial arranca en la primera fase, y sigue sólo si se supera esa instancia, de apariencia sencilla y que sin embargo puede ser tan dramática.
Esa primera ronda sirve, además, para posicionarse de determinado modo frente a lo que viene después: uno sale de esa primera fase fortalecido o debilitado, optimista o no tanto, de buen humor o golpeado, con la autoestima alta o baja, con lesionados o sin ellos, con suspendidos o sin ellos.
Argentina sale de esa primera fase de manera poco menos que inmejorable: no sólo ganó los 3 partidos sino que tuvo tiempo de hacer descansar a unas cuantas figuras y de cobrar conciencia del saludable recambio que Maradona tiene a mano. También le sirvió esa instancia para ver que Messi está vivo y, en general, no es el hermano malo de las Eliminatorias.
La Selección, desde ya, luce ahora muchísimo mejor parada de lo que estaba cuando llegó a Sudáfrica. Sería importante, eso sí, que los protagonistas puedan gambetear el maldito triunfalismo que contagia a ciertos personajes mediáticos y a los hinchas que menos saben de fútbol, que andan tocando la vuvuzela como si Argentina ya hubiera cumplido algún objetivo o como si no hubiera tenido de rivales a los equipos más débiles del Mundial (exceptuando a Honduras y Corea del Norte).
El arranque de la segunda ronda, además, tiene otro detalle optimista: pasaron los mejores equipos. No hay ninguno de los 16 que haya llegado de pedo, o por alguna injusticia flagrante.
Aún los que en esa lista asoman, siempre supuestamente, como peores equipos -Corea del Sur y Ghana- hicieron más méritos que los que dejaron afuera en sus grupos. Incluso puede decirse, a riesgo de que sea una afirmación muy general o apresurada, que también pasaron de ronda los equipos más ambiciosos y generosos, los que más fueron a buscar.
Ojalá se mantenga esa tendencia a partir de ahora, que viene lo mejor...